sábado, 9 de abril de 2011

ÁRBOL CORAZÓN


Que difícil es mantener estos anillos

siempre creciendo año tras año.

Y cada primavera sentir que el pecho

se hincha y el corazón se dilata.

Pero hay estaciones que nunca llueve,

hay incendios en verano que todo lo arrasan,

hay fríos inesperados que convierten

las flores en escarcha.

Y quizás algunos años mi corazón crezca con seguridad

construyendo un muro de sabia y madera.

Por un largo tiempo nos sentimos seguros

Hasta que un accidente inesperado,

o un rayo cae del cielo en cuestión de segundos,

atravesándolo todo como hacha divina,

un bisturí de la naturaleza

que corta amputa y nos deja ,

con el corazón abierto.

Un tiempo ahí estamos,

a la merced de los gusanos,

de escarabajos y termitas.

Las estaciones se suceden

el musgo de nuevo nos cubre de verde.

Las raíces aún se agarran, las hojas aún respiran

porque este árbol sigue vivo

y aunque mi corazón no crezca

todos los años lo mismo,

aunque la corteza se resquebraje cada tanto tiempo,

sigo en pie, y sigo vivo

Hasta que mi vida se tale .

Incluso después podéis mirar estos anillos

y recordar que aquí había un árbol

que vivió plenamente sus días.

PURPURINA


Sentado en mi sofá de apatía,

acariciándome el ombligo,

he descubierto allí escondido

un bote de purpurina vacía.



Llamé enseguida a mi amiga que

volando vino para explicarle lo sucedido.

Y ella, que se llama Campanilla

Supo en seguida porque yo no vivo.



Tomando unas copas de vino

ella muy seria me dijo,

con pequeños reproches

verdes como su vestido,

que no podíamos seguir siendo amigos.



-Sin purpurina te has quedado.

Luego nada brillará mas a tu lado.

Entonces pensé que era mi ruina.

Y mirando sus alas de felicidad

le pedí prestado un saquito

de dorada purpurina.



-No!- me contesto.

-Que culpa tengo yo, que tu,

desperdicies el polvo de ilusión

confundiendo amor con desamor.

-Que culpa tengo yo- le conteste

-si vivo en un mundo pop,

donde la belleza gobierna

y necesita brillar como una reina.



Enfadada pero radiante

ella se va en una nube brillante.

Campanilla acostumbrada a jugar con niños,

no entendía que yo ya era un adulto,

y sí, mis sueños ya no brillan

porque compre con ellos

un pequeño trozo de mundo.

Un sofá de apatía

en una casa que no es mía.

Una televisión de mentiras

un trabajo para el resto de mis dias.