Hay que tener mucho valor
para venir a verme
tan cerca del horizonte,
donde todo el mundo se pierde,
entre callejones sucios
de buena vida.
Pero esta noche, el cielo
nos guiña su único ojo
y los cristales brillan
mas inténsamente.
Los dioses nos protegen.
Y la oscuridad nos seduce.
Escucho a lo lejos bailar
a las brujas en sus fuegos.
El humo suena a jazz
y llega hasta nosotros
a través de turbantes de dunas,
entre esponjas del mar de Marte
y chimeneas de chocolate blanco.
La danza de una pluma
nos lleva hasta mi casa.
Abro con un conjuro
mi mundo para ti,
orgánico y vivo.
El sofá es un acantilado
de gaviotas, cometas del viento.
Muy cerca, un faro de escamas
ilumina las mareas.
Mas cerca, entre mis sabanas,
crece un pantano de humedades.
El CO2 llena mis pulmones,
Y como plantas carnovioras
nos abrazamos en la niebla.
Dejamos que el sudor resbale,
que la saliva se enrede
entre helechos y musgos.
Cantan las ranas a las nubes,
susurran los grillos a la luna
para que el mañana nunca llegue.
Pero el sol asoma ya sus brazos.
Y tus silencios me sonríen.
Pequeño desayuno de tortitas y polen
bajo un bonsái de hojas perennes.
Brindamos con batidos de melón
por nuestra improvisada vida
de risas escritas en mil papeles,
que el viento esconde y la lluvia borra
para llenar las calles con nosotros.
Pronto recorreremos la ciudad
como gotas de lluvia que el sol
evaporara para hacer dulce de nube.
