
Sentado en mi sofá de apatía,
acariciándome el ombligo,
he descubierto allí escondido
un bote de purpurina vacía.
Llamé enseguida a mi amiga que
volando vino para explicarle lo sucedido.
Y ella, que se llama Campanilla
Supo en seguida porque yo no vivo.
Tomando unas copas de vino
ella muy seria me dijo,
con pequeños reproches
verdes como su vestido,
que no podíamos seguir siendo amigos.
-Sin purpurina te has quedado.
Luego nada brillará mas a tu lado.
Entonces pensé que era mi ruina.
Y mirando sus alas de felicidad
le pedí prestado un saquito
de dorada purpurina.
-No!- me contesto.
-Que culpa tengo yo, que tu,
desperdicies el polvo de ilusión
confundiendo amor con desamor.
-Que culpa tengo yo- le conteste
-si vivo en un mundo pop,
donde la belleza gobierna
y necesita brillar como una reina.
Enfadada pero radiante
ella se va en una nube brillante.
Campanilla acostumbrada a jugar con niños,
no entendía que yo ya era un adulto,
y sí, mis sueños ya no brillan
porque compre con ellos
un pequeño trozo de mundo.
Un sofá de apatía
en una casa que no es mía.
Una televisión de mentiras
un trabajo para el resto de mis dias.

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